Lo primero que hay que aclarar es que el apellido Tobar se escribe con » b» y no con «v», como se ha utilizado en distintos medios y comentarios.
Además de esta aclaración inicial, también es importante significar que algunas de las cosas que se han escrito, sobre la familia Tobar, tienen poca base fáctica y mucho de imaginación y desconocimiento.
La familia Tobar era originaria de la provincia de Segovia, de un pueblecito pequeño en el noroeste de la provincia llamado Fresno de Cantespino. La historia, en lo relacionado con Hortaleza, comienza con Francisco Tobar Vitón.

Francisco Tobar Vitón vino al mundo a las diez y media de la noche del dia 6 de marzo de 1855, en Segovia. Fue bautizado a los pocos días en la parroquia de Santa Eulalia de la capital castellana. Su padres Pedro Tobar e Hipólita Vitón Dominguez eran de Fresno de Cantespino. Francisco se crió correteando por las empinadas calles de Fresno.
Una vez terminados los primeros estudios acudió a la universidad donde se licenció en Derecho. Nada más terminada la carrera, estableció su residencia en Riaza, adónde se casaría con Gregoria Gutiérrez Gutiérrez, hija de Silverio Gutiérrez y de Escolástica Gutiérrez, ésta última natural de Cinco Villas.
Del matrimonio de Francisco Tobar con Gregoria Gutiérrez nació, el 25 de diciembre de 1878, su único hijo, al que pusieron de nombre Pedro. Pedro Tobar Gutiérrez fue bautizado el día 29 de diciembre en la parroquia de Nuestra Señora del Manto de Riaza.
En 1883 Francisco y Gregoria trasladaron su domicilio a Madrid. Francisco se colegió en el colegio de abogados de Madrid, el día 30 de noviembre de ese año y estableció su despacho, y su domicilio, en el número 13 de la Puerta del Sol.
Pedro Tobar Gutiérrez se crió correteando entre legajos del despacho de su padre, por lo que no sería de extrañar que su vocación siguiera el mismo camino que su progenitor. También estudió derecho y acabó la carrera , el 27 de junio de 1900, a los 21 años, con la calificación de sobresaliente. Una vez terminada la carrera se dió de alta en el colegio de abogados de Madrid, aunque al principio lo hizo como colegiado sin ejercicio, hasta 1908.
La relación de la familia Tobar con Hortaleza comienza unos años antes, concretamente en 1895, cuando Silverio Gutiérrez, el suegro de Francisco Tobar y abuelo de Pedro Tobar, compra la finca de Huerta de la Salud, junto con un buen número de propiedades a D. Antonio Urzaiz. Silverio se había trasladado a Hortaleza desde Fresno de Cantespino con la intención de fijar su residencia en Hortaleza.
Los siguientes años estarían llenos de acontecimientos para el joven abogado. Su abuelo Silverio falleció pocos años después de adquirir la finca de Hortaleza y su madre Gregoria había caído enferma de gravedad. Fueron dos circunstancias que afectaron la vida de Pedro Tobar en los siguientes años.
Si la enfermedad de Gregoria generaba intranquilidad y preocupación en la familia, la muerte de Silverio acarrearía un problema inesperado. La finca de Hortaleza había sido heredada por Gregoria, a la muerte de su padre, con lo que, tanto Francisco, como Pedro, debían preocuparse de las cuestiones que de ella se derivaran.
Para atender a Gregoria, que requería de una atención permanente, Francisco Tobar se puso en contacto con un primo que vivía en Fresno de Cantespino para que se vinieran a Madrid a hacerse cargo de la enferma. Ver relación de Parentesco. Se trataba de su primo Pedro Vitón Pascual y de su segunda esposa Leona Román de Frutos.
Para acceder a la petición de Francisco, Pedro Vitón y Leona Román, dejaron Fresno de Cantespino y pusieron tierra de por medio para venirse a Madrid. Se trajeron a los dos hijos menores Juana y Miguel y los hijos mayores, Estefanía y Tomasa se quedaron en Fresno de Cantespino.
Leona, se encargó de la atención de la enferma, así como de las cuestiones del interior de la casa de Francisco Tobar. Por su parte a su primo Pedro Vitón, se le encargó de la casa de labor que tenían en Hortaleza, haciéndose cargo de las llaves de la finca.
A Juana la hija que se trajeron del pueblo, la llevaron a casa de una hermana de Gregoria, que era viuda y tenía dos hijas, profesoras de 1ª y 2º enseñanza. A Miguel le pusieron a estudiar en los Escolapios de Areneros.
Con la llegada de los parientes de Fresno de Cantespino, la familia Tobar, consiguió que, tanto la enferma, como la finca de Hortaleza estuvieran mejor atendidos y así Francisco y su hijo Pedro, disponían de tiempo para las cuestiones de la notaría.
La muerte de Silverio exigió una mayor atención de las tareas de la finca de Hortaleza, especialmente para Pedro Tobar. El contacto con el mundo rural abrió en él nuevas ambiciones y nuevas expectativas. Pedro Tobar pronto entendió que las labores que se llevaban a cabo en la finca y en las tierras adquiridas por su abuelo en Hortaleza, debían sustituirse por otras faenas más automatizadas, y así, se planteó la transformación de la finca en un centro de producción agrícola y ganadera. Buscó entre los mozos del pueblo a quien encargar las tareas más importantes del novedoso proyecto y decidió poner, al frente de la explotación, a Guillermo Obispo López, un joven de Hortaleza con apenas 18 años cumplidos, que con el paso del tiempo sería mi abuelo paterno.
La enfermedad de Gregoria se fue agravando hasta que finalmente se produjo su fallecimiento. La muerte de Gregoria suscitó los primeros conflictos entre padre e hijo. Unas veces por cuestiones familiares y otras por asunto diversos, el caso es que las discusiones se convirtieron en algo demasiado habitual.
En el origen de muchas de ellas se encontraba Antonia, la criada de la familia, que sin razones aparentes empezaba a jugar un papel decisivo en la vida de la familia Tobar. Cualquier movimiento, o andanza, de Francisco Tobar era causa suficiente para correr cerca de la oficina de Pedro Tobar para irle con el cuento.
Estos continuos cuchicheos de Antonia iban calando en las relaciones entre padre e hijo hasta tal punto que, encontrándose Francisco enfermo en cama, acudió a visitarle una señora que el enfermo no dudó en invitarla a que pasara a su dormitorio.
A Antonia, que no perdía ojo de lo que pasaba dentro y fuera del dormitorio, le faltó tiempo para ir a contárselo a Pedro, quien reaccionó violentamente y pistola en mano, salió de su despacho y se dirigió al lugar de los hechos, probablemente con el propósito de poner fin a la situación.
La discusión alcanzó tal dimensión que en el dormitorio donde estaba Francisco se produjeron algunos disparos afortunadamente sin mayores consecuencias. El alboroto que se formó pronto llamó la atención de los oficiales de la notaria que acudieron con la intención de impedir las intenciones del hijo y sacar a la visitante del dormitorio de Francisco Tobar.
A partir de este lamentable acontecimiento las relaciones entre padre e hijo tomaron un derrotero de continuos reproches. El hijo acusaba al padre de estar robándole sus bienes para dárselo a aquella «tía Caballo», como él despectivamente llamaba a la señora que sorprendió en el dormitorio de su padre, y el padre, argumentaba que aquella señora era más honorable y fiel, que lo había sido su madre, pues él tenía la sospecha de que Gregoria le había sido infiel y que Pedro no era hijo suyo.
Una vez desencadenados los acontecimientos y, en vista de la situación irreconciliable entre padre e hijo, acordaron padre e hijo, someter la situación a la mediación de tres hombres célebres.
A lo largo de tres días se celebraron tres conferencias en las que los mediadores escucharon tanto a Francisco, como a Pedro, incluso a algún oficial de la notaría. Francisco Tobar, durante la celebración de las conferencias, siguió en la línea de sus creencias sobre la paternidad de Pedro. Solicitó a los mediadores que le «calibraran» la cabeza ya que él tenía la duda de que Pedro fuera hijo suyo.
El resultado de la mediación resultó favorable a los planteamientos de Pedro y los tres mediadores determinaron el destierro de Francisco Tobar en Málaga. Con esta ruptura familiar no solo se rompió la relación entre padre e hijo, sino que en el entorno tanto familiar como profesional aparecieron las primeras fisuras. Tanto el padre como el hijo trataron de ganarse el favor y la credibilidad de los parientes y amigos.
Pedro, por su parte, se apresuró a dar las primeras instrucciones al respecto. Llamó a mi abuelo que era el mayoral de la finca de Hortaleza y a su cuñado Miguel, para decirles: «Vuestro tío es un ladrón que me roba para gastarlo con una Tía Caballo, y si mi padre va a Hortaleza no le dejéis entrar pues iría a vender las ovejas o lo que pudiera».
Para entonces, Pedro, influenciado por los comentarios de Antonia tomó la decisión de que Leona, la mujer del primo de Francisco, dejara la casa de Madrid y tuviera que recogerse en casa de mis abuelos Guillermo y Juana en Hortaleza.
Me imagino q toda esa historia se la habrá contado su familia.
Que buenos fueron todos sus parientes¡¡
Cabría preguntarse que ocurrió realmente para q personas de tan grandes y buenos sentimientos quedarán excluidas tanto del testamento del padre como del hijo
Cualquiera pensaría q la tal Antonia fuera una Matahari
Revise las fechas,por favor.Hay gravisimos errores.
Y tenga muy presente q existen otras personas conocedoras de esta historia
Y q a los descendientes de Doña Antonia Álvarez les ha ofendido profundamente el vil retrato q hace de su familiar
Ellos podrían dar una explicación muy clara del motivo por el q sus abuelos fueron invitados a abandonar la finca antes de la llegada de Doña Antonia
Dejemos descansar a los difuntos
Y haga el favor de tratar con respeto a personas ,a las que por cierto usted ni conoció y q desgraciadamente no pueden contestarle
Hace usted unos juicios de valor peligrosos
Quizá hasta querellables
Y se lo digo sin rencor
Se q usted solo reproduce lo q a su vez le contaron
Pero hay cosas q no están bien y no se pueden hacer públicas y menos consentir.
Sobre todo cuando son falsas
O es q usted tiene la verdad absoluta?
Reflexione¡¡¡
Nunca es tarde¡
Estimada Maria: Vaya por delante mi agradecimiento a su comentario y, por qué no hasta su tono. Sin embargo sí me gustaría hacerle algunos comentarios sobre el contenido, especialmente de las suposiciones que adornan el mismo.
Desconozco si ha leído el resto de lo escrito o, simplemente, se refiere a parte de ellos. Si ha leído todo lo escrito lamento que haya alcanzado esas conclusiones pues nada de lo aquí reflejado obedece a juicios de valor y muchos menos a rencorosos intereses por resaltar la bondad de mis parientes. Creo que en todas las familias cuecen habas y en la mia………
Probablemente alguien tenga otra versión de la historia, pero le aseguro que lo escrito por mi ha tratado de ser veraz, respetuoso, y en ningún caso fruto de la imaginación y, por supuesto, muy lejos de su afirmación de que el «retrato» pueda ser calificado de vil. Es una apreciación demasiado fuerte para hacerla gratuitamente.
Como mi intención ha sido y es, la de ofrecer una visión veraz, le invito a que me indique donde encuentra falsedad en el relato y donde entiende que existen juicios de valor peligrosos.
Por mi parte estaría encantado de cambiar impresiones sobre el asunto si a Vd. le parece oportuno. Bien a través de este sitio, o fuera de él.
Un respetuoso saludo
Aquiles Obispo
Creo que los lectores que tengan algún interés por seguir esta historia tienen el derecho a conocer la conversación mantenida en relación al comentario enviado por de Maria.
Por eso, a continuación, reproduzco el correo, que por vía de mail, 21017hortaleza@gmail.com le envié a María a las 23,14h del día 2.
Confieso que mi intención era avanzar sobre todas las observaciones que contenía su escrito, pero el resultado ha sido otro.
Este es el correo enviado:
Estimada Maria.
Soy Aquiles Obispo. Hace un rato que te he contestado a tu comentario. Por mi parte te reitero mi predisposición a comentar todos los puntos que te parezcan oportunos.
Para ello sería conveniente que mostraras algún rasgo de tu identidad. Desde el anonimato es más frívolo hacer comentarios.
Atentamente.
Aquiles Obispo Abad
aquilesobispo@phtz.com
Móvil: 629255900
Dejemos descansar a los muertos,por favor
Y no les faltemos al respeto
Veo q no es usted capaz de discernir la ofensa de sus comentarios
Yo ya no le puedo decir más
Le agradezco sus amables palabras pero por favor relea todo su escrito.
Quizá no sea usted consciente de lo desafortunado de su relato
No hace falta ofender así a personas ya desaparecidas , sobre todo cuando estamos narrando hechos q no hemos vivido
Un saludo
Ya no contestaré más
Que descansen ¡¡ TODOS¡¡ en paz
Vivieron tiempos muy dificiles
Que desilusión. Pensé por un momento. Ingenuo de mi, que detrás de tu comentario había un verdadero interés por respetar la verdad, pero parece que con las insidias iniciales ya ha cumplido tu propósito. Cuando te he pedido que salgas del anonimato, desde el que has lanzado autenticas maldades, te has venido abajo y propones que dejemos en paz a los muertos.
Con lo provechoso que hubiera resultado encontrar esas verdades que tu insinuabas y demostrar los errores de mi comentario.
Lo siento Maria pero me has desilusionado. Me quedo con el interés por conocer tu aportación.
Un saludo y recuerda que aquí sigo.
Creo que este relato ya trasciende del contenido del tema y nada más lejos de mi intención que aburrir a los lectores. No obstante tengo interés en expresar algunos pensamientos que me abordan después del comportamiento de María.
Me resulta difícil comprender cómo después de enviar un comentario en que se mencionan errores, juicios de valor peligrosos, incluso se califica de vil el relato, una persona, María, puede esconderse en el anonimato sin completar sus argumentos. Esto me da que pensar sobre la intención inicial de María.
Si su interés está en clarificar mis errores, le he brindado cualquier procedimiento amistoso para hacerlo. Sería para mí una satisfacción rectificar mis errores y mis valoraciones, si fuera necesario, porque mi propósito es el de que la verdad prevalezca por encima de todo.
Por eso me extraña la marcha atrás de María. Acaso su anonimato es lo que le ha permitido injuriar y le falta coraje para mostrarse públicamente.
No sé si es María, Marie o Mario, la persona que está detrás, aunque no me extrañaría que en esta ocasión el autor haya buscado refugio en María para mostrar un comportamiento ya conocido.
Sea quien sea, con su comentario anónimo no hace ningún favor ni a este blog, ni a la verdad. Crear la duda de la verosimilitud de lo escrito sin aportar sus razones es síntoma de cobardía, falta de honradez y deja en muy mal lugar su calidad personal.
María sigo esperando tus aportaciones.
Estoy de acuerdo con usted. Me gustaría conocer las «verdades de María».
No me llegó ningún mensaje
Puso usted mal el email
No tengo nada más q añadir
Usted tiene «su» versión y yo la mía
Las 2 ,válidas
La mia se queda en mi ámbito privado
Q es donde debe quedarse
Maria, creo que no has escogido la mejor manera de cerrar tu comentario.
Utilizando un término taurino diría que has quedado como Cagancho en Almagro.
¿Si mi versión es válida, a que ha venido tu comentario?
Es una pena que teniendo tan buena información como insinuas, tu versión se quede inédita….
saludos.
Perdón
Creo q no me expresé con claridad
Me refiero a q ambas versiones resultan válidas.
Para usted la suya y para mi la mia
Adiós