Se sabe que fue construida antes del 1808 y que fue propiedad del Marqués de Santa Cruz.

José Gabriel de Silva-Bazán y Waldstein X Marqués de Santa Cruz de Mudela, VII Marqués de Arcicóllar

José Gabriel de Silva-Bazán se la vendió a Javier de Quinto antes de 1836. Francisco Javier de Quinto y Cortés era el Jefe de la Casa de la Reina Doña María Cristina de Borbón, por lo que gozaba de una envidiable situación social de gran influencia en la Corte y en el Congreso. Se casó con Elisa Rodas Rolando con la que tuvo varios hijos.

Además de ser Jefe de la Casa de la Reina Doña Maria Cristina, Javier de Quinto fue Académico de número de la Real Academia Española y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y ocupó diferentes cargos como Director de Correos, o Senador del Reino, entre otros.

Durante el siglo XIX la finca fue tristemente conocida por el asesinato del General Quesada el día 15 de agosto de 1836.

A la muerte de Javier de Quinto, en 1860, la finca pasó a ser propiedad del Duque de Hijar, quien la mantuvo hasta 1924 que pasó a manos del cuerpo de Telégrafos donde se instaló el Colegio de Huérfanos de hijos de sus empleados.

El acceso a la finca se hacia desde la carretera de Canillas desde donde partía un pequeño camino escoltado por unos pocos árboles que llegaban hasta  las proximidades de su entrada.

La finca ocupaba una extensión superior a los 340.000 m2 . Una parte importante de su superficie la constituían las tierras de labradío y de viñedo, que suponían 39 fanegas  de terreno. El resto de la superficie eran otras 14 fanegas, que estaban dedicadas como zonas de recreo de las cuales la mitad, o sea 7 fanegas eran de regadío.

La parte de recreo estaba cercada por zanjas, vallas y tapias en las cuales existían diversas puertas: una de madera orientada al poniente, otra orientada al sur que era de hierro, en el camino de Canillas y otra, también de hierro, al levante en el camino de Hortaleza.

La finca estaba surtida de agua por los dos manantiales y la noria existente en ella.

Uno de los manantiales desembocaba en un lago amurallado donde se acumulaba agua que se aprovechaba para regar la parte baja de la finca donde había un pequeño bosque y un fresal.

El agua del otro manantial iba a parar a una arqueta desde donde se repartían las aguas, según se necesitara, bien canalizándolas al lavadero o a otro estanque situado a poca distancia del que se sacaba agua para atender el riego de la jardinería y frutales.

La noria daba suficiente caudal para el riego durante todo el verano llegando a aquellas zonas que no cubrían los manantiales. La maquinaria de la noria era de hierro de la marca Pheifer y tenia dos caballos de potencia.

Todas las aguas estaban conducidas con sus oportunas cañerías, unas veces de barro y otras de plomo, según las distancias a cubrir, o las pendientes del terreno, disponiéndose a lo largo de su recorrido de los oportunos registros al objeto de optimizar su aprovechamiento.

Ademas la finca era atravesada por el Arroyo del Quinto que después  desembocaba en el Arroyo de Rejas.

Dependencias

La finca contaba con distintas dependencias dedicadas tanto a las labores propias de la misma como a las estancias de los señores que la utilizaban.

En la cochera se albergaban un carro grande, otro mediano, un tercero al que se le podía colocar un toldo y sus asientos y un cuarto carro dotado de una cuba que era utilizado para el riego del arbolado. El lugar preferente lo ocupaba un ómnibus con seis asientos interiores y cuatro exteriores. En el mismo edificio se disponía de un lavadero con un estanque bordeado de piedras de lavar y el grifo del agua.

En otro edificio aparte existía la habitación para el jardinero, cuadra para cuatro caballos distintos de los de la casa. Otra cuadra para las cuatro mulas dedicadas a la labor. En la parte alta estaba situado el pajar y el granero. Anexo a este edificio existía un cobertizo para encerrar el ganado en el verano. El corral estaba tapiado donde existían una madrigueras, palomar y gallinero. También existía una pajarera con varias aves.

No podía faltar el edificio para la elaboración del vino que tenía en lo alto de la pieza principal un lagar de madera donde se pisaba el vino con un husillo de hierro y dos grandes cubas para la fermentación. La bodega estaba en la parte baja del edificio y estaba construida de bóveda de ocho estancias para toneles y provista de los útiles para el servicio .

Otra de las estancias de la finca estaba destinada a establo para las vacas. Así como con un horno hecho de tierra hábil para ese menester.

La casa de los señores contaba con tres estancias: La planta baja, la planta principal y el Sotabanco.

El pavimento de la planta planta baja era de alabastro y a través de ella se conducía al  Oratorio que contaba con altar para misa y también se accedía a la pieza de baño con su pila de mármol. A espaldas de esta galería dotada de algunos ventanales se encontraba la sala y la tribuna del oratorio; a la izquierda el ante comedor, una pieza de labor, el comedor, antecocina, una despensa y la cocina con puerta particular para su servicio.

A la planta principal se accedía a través del recibidor, un salón y gabinete orientado a la fachada norte. Orientado al mediodía se encontraba el despacho, otra galería pavimentada, también de alabastro acristalada y dotada de las oportunas persianas. A cada lado de la galería existían dos pabellones: uno al oriente con gabinete, alcoba, tocador y pieza de ropero y otro al poniente con gabinete alcoba y otra pieza.

El Sotabanco comprende el dormitorio de la familia, una pieza para el planchado y una cámara para conservar frutas.

Plantaciones y arboledas

La finca contaba con una magnifica plantación de arbolado y de frutales.  Entre los frutales sobresalía la plantación de perales que alcanzaba la cifra de 350. Siguiéndoles en cantidad se podían ver los más de 120 manzanos y almendros y los mas de cien ciruelos. No faltaban los melocotoneros, Albaricoques, Guindos, Higueras Castaños, Moreras y hasta 4 azufaifas.

A lo largo de la finca estaban repartidos los arboles de sombra y de recreo. Se contaban 26 plátanos, 170 álamos negros, 30 soforas, 200 acacias, 6 arroces, 180 chopos, 6 sauces. Tampoco faltaban una buena porción de pinos, cedros, cipreses. Además de las arboledas que conformaban los pinos y cedros la finca contaba con una nutrida plantación de arboles de menor porte  de las mas diversas especies, sin mencionar los que estaban plantados en grandes tiestos.

Para el mantenimiento y reparación de tantas dependencias el Duque de Hijar utilizaba a los obreros profesionales tanto de Canillas como de Hortaleza. En el año 1866 Mariano López, Valentin de Castro, Mateo de Castro, Julian de Castro, Pascual Benavente y Brígido de Castro realizaban las tareas de albañilería de la finca.

Nicasio José era el carpintero y Zacarías Santos trabajaba como carpintero y carretero. También trabajaba como carretero Isidoro Campuzano con un jornal de 9 reales diarios.

El primer cochero era Jose Navarro que ganaba 20 reales diarios y Manuel Bautista López era el segundo cochero con un sueldo de 15 reales por día.

Además Juan Martín que era el mozo de caballos ganaba 9 reales diarios y Ramón Ortiz 4 reales por dia.

Florentino Arroyo era jardinero y tenia un jornal de 12 reales. Eugenio Mota y Antonio Paya cobraban 8 reales como ayudante y peón respectivamente.

LA CAPILLA

En el año 1866, D. Agustín de Silva y Bernuy, Duque de Hijar, solicitó del  Cardenal Arzobispo de Toledo permiso para instalar una capilla dentro de la finca con el propósito de oír misa tanto él, como los de su casa.

Carta del Duque de Hijar pidiendo autorizacion para la Capilla del Quinto

En la solicitud formulada el día 8 de junio de 1866 El Duque le manifestaba al arzobispo que habiendo edificado una casa de campo en el término de Canillas, anejo a la parroquia de Hortaleza, había construido, también, una capilla con el animo de que le sirviera para cumplir con el precepto de oír misa, tanto él como los de su casa,  y que, considerando, la situación aislada en que se halla respecto de las parroquias de Canillas y Hortaleza, pudiera ser muy útil,  para los labradores y colonos de aquellas inmediaciones,   hacerla capilla pública, toda vez que cumplía con las exigencia de que tuviera acceso desde la vía pública y su correspondiente campana. Terminaba la solicitud suplicando al Arzobispo que previos los informes y diligencias que fueran oportunas se digne dar su aprobación para que pueda celebrarse en la mencionada capilla el santo sacrificio .

Unos días después, concretamente el dia 11 de junio del mismo año, el Arzobispo ordenaba al cura párroco de Hortaleza que se pasara por la casa de campo del Duque de Hijar para que reconociera el local destinado a capilla pública y le informara si se hallaba convenientemente decorada , con puerta al campo, campana para tocar a misa y provista de los ornamentos, vasos sagrados y demás requisitos necesarios para la celebración del Santo sacrificio de la misa.

visita del cura y autorización del Arzobispo. 1866

Una vez llevada a cabo la visita del cura de Hortaleza D. Manuel Troncoso a la finca del “El Quinto” , el cura párroco emitió su informe con fecha 26 del mismo mes de junio, en el que manifestaba que habiendo reconocido el local destinado a capilla publica, éste se hallaba convenientemente decorado con puerta al campo, campana para tocar a misa y con los ornamentos, vasos sagrados y todos los demás requisitos necesarios para la celebración del Santo Sacrificio de la misa, reconociendo que  el local no era muy espacioso pero que lo consideraba suficiente para el objeto y fin piadoso a que se pensaba destinar.

Sin más trámites,  el Arzobispo concedió la licencia para la celebración de la primera misa en la capilla pública que tuvo lugar el dia 19 de julio de 1866.

Ya en 1924 siendo la finca propiedad del cuerpo de Telégrafos aunque la finca estaba situada  dentro del término municipal de Canillas tanto el Gerente como los profesores y alumnos acudían al pueblo de Hortaleza para sus actos religiosos, o para cualquiera de los de su vida común. Debido a esta comodidad los responsables del colegio habían manifestado en repetidas ocasiones su interés por pertenecer al municipio de Hortaleza. El  24 de Noviembre de 1924 el Ayuntamiento,  acogiéndose al Estatuto Municipal y al Reglamento de Población y Términos municipales recientemente aprobado,  acordó dirigirse al Ayuntamiento de Canillas para solicitarle la segregación de la finca del Quinto.

Cuatro años mas tarde el Ayuntamiento de Canillas seguía sin responder por lo que  el de Hortaleza, de acuerdo con la legalidad vigente,  puso en marcha  otra iniciativa, consistente  en que todos lo habitantes de la Finca del Quinto solicitaran que dicha finca fuera agregada al término de Hortaleza y  segregada del de Canillas. Tampoco esta iniciativa tuvo éxito y la finca permaneció adscrita al municipio de Canillas

En época mas reciente ha pasado por ser academia de formación de las nuevas promociones de la guardia nacional hasta la actualidad en que se ha convertido en una de las dependencias más significativas de la policía nacional.

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